Ir al contenido principal

Un nombre para Elvalf

 

Ese día había sido muy bueno. Todos en el grupo estaban felices. La cacería había sido un éxito, pero Elvalf percibió que algo en su interior no estaba del todo bien. El augurio no era bueno, pero no le dieron el nombre de Elvalf, el veloz, por nada. Estaba preocupado, pero decidió ignorar esa extraña sensación y se unió a los festejos junto a sus compañeros que danzaron durante toda la noche. Juntos cantaron la canción del clan. 

Como era costumbre entre los cazadores, cada generación agregaba una estrofa referida al miembro más valiente. Por eso la canción terminaba contando la astucia de Elvalf, el veloz. Casi siempre le incomodaban los elogios, pero sabía que se trataba de gestos sinceros de sus compañeros. Elvalf sabía que al reconocer sus habilidades los demás cazadores expresaban la confianza que inspiraba durante las cacerías. Su mejor amiga, Volga disfrutaba y participaba de los elogios. La incapacidad de Elvalf para disimular su vergüenza le parecía el rasgo más atractivo de su amigo. 

Dos días después de los festejos, Baldus, el líder del grupo, reunió al clan. Como era su costumbre. Durante la reunión explicó al grupo la estrategia de la cacería para la próxima mañana. Baldus siempre compartía sus planes con claridad y entusiasmo. Desde que se había convertido en el líder del grupo, Baldus tenía esa costumbre y sus planes de cacería se ejecutaban con precisión y daban excelentes resultados. El plan de caza que expuso requería que Elvalf ejecute una veloz incursión de avanzada de modo que el factor sorpresa facilitara el trabajo del resto del equipo en la segunda etapa. Baldus les dijo que luego del raudo ataque frontal de Elvalf se efectuaría una acción de pinzas sobre las presas. Baldus les recordó que esta estrategia resultaría eficaz en la nueva región de caza que estaban ocupando durante las últimas semanas. Todos se sentían entusiasmados por el plan. Con la táctica de Baldus y la agilidad de Elvalf los demás cazadores se sentían seguros y al final de la reunión se dispersaron alegres pensando que nada podría salir mal.

Elvalf no lograba dejar de lado su preocupación. No conseguía comprender la naturaleza de esa extraña sensación que por momentos lo conmocionaba. Por momentos se le aceleraba el corazón sin motivos aparentes. Volga lo notó preocupado y se le acercó inquieta. Elvalf tuvo enormes deseos de contarle sus preocupaciones, pero temió que ella percibiera debilidad. Decidió callar, tenía una misión asignada por su líder y estaba dispuesto a dar lo mejor de si sin vacilaciones. 

La mañana de la incursión de caza había llegado. Elvalf se había adelantado varias horas para preparar la ejecución de su parte del plan. En el momento del ataque por los flancos, el grupo encabezado por Volga se abalanzó sobre el lugar señalado por la izquierda y el propio Baldus atacó con su grupo por la derecha. Los dos grupos se encontraron sin hallar a sus presas ni a Elvalf. Todos dedicaron las siguientes horas a buscar a su compañero desaparecido. 

Los cazadores recorrieron el área en grupos. La preocupación era mayor y los menos optimistas se desanimaron después de varias horas de búsqueda. Volga, que recorría agitada el extremo norte del área, lo encontró recostado detrás de una roca. Como parecía dormido ella lo movió suavemente sin conseguir que abriera los ojos. Con angustia en la voz Volga llamó al resto del grupo que acudió a gran velocidad. Luego de varios intentos de reanimarlo, Elvalf recuperó la conciencia pero se sentía confundido y no supo explicar qué le había sucedido. 

Todos en el grupo compartían el desánimo del momento. A nadie le preocupaba el fracaso de la incursión de caza, solo les afligía la salud de Elvalf, el veloz. Volga se quedó a su lado hasta que todos se fueron. Al rato, mientras los dos emprendieron el regreso, él le explicó que desde hacía unos días estaba experimentando una extraña sensación parecida al decaimiento o inestabilidad y esto lo atemorizaba. Le dijo que se sentía cansado aún cuando no había hecho esfuerzos importantes desde la última incursión. Ella notó la preocupación de su compañero y se quedó a su lado haciéndole compañía en silencio el resto del día.

Al día siguiente Baldus reunió al grupo para proponer un nuevo plan de ataque. Como era habitual, la estrategia que presentaba demandaba un enorme esfuerzo de Elvalf. Volga miró a su amigo y cuando Elvalf la vio comprendió lo que ella esperaba. Cuando pidió permiso para hablar, Baldus y los demás guardaron silencio. Para sorpresa de los presentes Elvalf solicitó que sea otro quien efectúe la tarea que le habían encargado. Baldus se sorprendió, pero además de admirarlo, respetaba profundamente a su amigo y no deseaba pedir que se justificara delante de todos. Sin pérdida de tiempo Baldus reorganizó su plan asignando la tarea de incursión de avanzada a uno de los cazadores jóvenes. 

Por la tarde Elvalf le contó a su líder y amigo que su cuerpo no estaba respondiendo como antes y esto podría comprometer el éxito de la caza del grupo. Baldus le ofreció un tiempo de descanso, pero Elvalf se negó. Le dijo que no comería lo que otros hubieran cazado. Había aprendido de su padre el orgullo del cazador, se come lo que se caza o se ayuna. Fueron inútiles los esfuerzos del líder por hacerle cambiar de opinión. Baldus sintió un hondo pesar cuando lo vio alejarse. 

Elvalf el veloz estaba decidido a alejarse para finalizar sus días como hacen los cazadores. Volga lo siguió de cerca durante kilómetros pero pronto comprendió la determinación de su amigo. Ella regresó junto al grupo con una tristeza que jamás había experimentado. Después de ese día, nadie del grupo de caza de Baldus volvió a ver a Elvalf. Fue precisamente Baldus quien meses después ayudó a Volga a explicar a sus hijos porque no verían más a su padre, el más valiente y veloz de los cazadores. 

Durante semanas Elvalf vagó en soledad sintiendo que la debilidad se le clavaba en el cuerpo cada vez con mayor fiereza. Una tarde supo que había llegado el momento del final. Reunió las fuerzas que le quedaban para dirigirse a toda carrera a la playa y allí quedó tendido, esperando que finalmente lo abandone el ímpetu.

Elvalf despertó cuando una mano le acariciaba la cabeza. Vio los ojos de un hombre que le hablaba. No comprendía lo que decía, pero supo por su mirada que debía confiar en él. Había llegado el momento de abandonarse y cerró los ojos otra vez. Notó que movían su cuerpo, pero no se atrevió a mirar. Seguía oyendo a los hombres que lo rodeaban pero no sabía lo que decían. Finalmente decidió mirar para ver a esas personas que se comunicaban entre sí de un modo desconocido y con sonidos extraños. El primer hombre seguía a su lado y percibió la ausencia de amenazas de modo que cerró sus ojos entregándose a su destino. Le vinieron a la memoria los recuerdos de sus amigos: las aventuras organizadas exquisitamente por Baldus, el amor que había conocido junto a Volga. 

Cuando llegó el momento, el corazón de Elvalf el veloz dejó de latir. Todos los hombres que lo rodeaban dieron un paso atrás en la arena alejándose. Fue un momento de silencio y tristeza por su muerte. Sabían que se trataba de un cazador formidable, su cuerpo registraba las marcas de numerosos combates. Sólo se oía el murmullo del mar.

El más viejo de los hombres, el que siempre estuvo a su lado, fue el primero en hablar. Se volvió a colgar el estetoscopio del cuello. Miró a cada uno de sus colegas y preguntó si alguien sugería un nombre apropiado para el cazador que yacía en la arena. No quiso que se registre con un número a esa orca magnífica.




Comentarios

  1. Sorpresa conseguida. Grata recepción de tu blog a mi curiosidad. Gracias.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Entrevista con Claude

  Escribo estas líneas para mí. Con mi editor estamos de acuerdo en no publicar el reportaje en Le Moniteur Universel. La noche del 30 de septiembre de 1794 (9 del mes del Vendimiario según el calendario de la Revolución Francesa) el periódico me envió a entrevistar a Claude, el verdugo de la Nueva República. Esa tarde el hombre había ejecutado a quince personas en la guillotina del solar Antoine. Muchos no se acostumbran a los cambios de la Revolución y continúan diciendo que es la plaza de la Bastilla.  En ese momento pensé que era mi día de suerte. Uno de mis informantes me dijo que el verdugo frecuentaba la posada de Monsieur Periné.  Al ocaso entré al local que estaba en los suburbios. Las rugosas maderas del suelo del salón despedían un intenso efluvio de vómito rancio y vino. Imaginé que al fondo estaría el mostrador, ya que los faroles apenas iluminaban algunos metros de la brumosa atmósfera. Encontré la amplia mesa de despacho de bebidas y tras ella me examinaba ...

El entusiasta

El señor Gallardo fue el primer maestro de la escuela de Villa General Uboldi. Era un hombre delgado, alto y esmerado en todo, en especial con su vestimenta. Llevaba un enorme bigote negro y el cabello corto, del mismo tono, con un flequillo de lado que sacudía de costado cuando le caía sobre la vista. El movimiento había sido bautizado por sus alumnos como “el cabezazo”. Algunos estudiantes habían contado catorce cabezazos en una clase y en la tapa de un cuaderno habían calculado mil cuatrocientos por mes. Pero no eran cómputos acertados, solo contemplaban el horario escolar. Él nunca hablaba de sus padres y era sabido que no pensaba cambiar su condición de soltero. Algunas madres se ofrecieron a recortar el rebelde flequillo del maestro. Ninguna tuvo éxito. El hombre se ocupaba de organizar torneos deportivos, inculcar el ahorro, promover la filatelia y otras actividades fuera del esquema escolar de la época. Había logrado hacerse querer por todos, incluso por sus alumnos.  Despu...

El club del barranco

Pocas horas después del mediodía, el club del barranco estaba por empezar otra sesión. El lugar de reunión de esa tarde era el maizal de don Zale porque ahí está más fresquito.  —Es muy importante que antes de hacer el entierro estemos de acuerdo. Esto es un secreto —dijo Diny poniéndose de pié—. ¿De acuerdo? Me parece que antes de seguir, les tengo que contar qué es el club del barranco porque así la historia se entiende mejor. El club del barranco se había formado dos veranos atrás y para ser miembro, tenías que bajar corriendo por el barranco y frenar sin caerte al arroyo. Si te salía mal y rodabas por la pendiente o, peor, te ibas de cabeza al agua, chau, no podías entrar al club. Por eso sus integrantes habían pasado esa prueba. Bueno, por lo menos les había salido bien una vez. Y la verdad es que nadie puede hacerlo bien la primera vez. Pero, por suerte, se podía tratar varias veces y también vale que te ayuden atajándote.  Ahora que saben qué es el club del barr...